Nuestros Titulares

Ntro Padre Jesús Nazareno del Amparo:

Es, sin duda alguna, uno de los mejores pasos de la Semana Santa pacense, pues el Cristo es de gran valor histórico y artístico y desfila sobre una de las canastillas más impresionantes de la ciudad por su calidad artística y sus enormes promociones.
El Divino Nazareno del Amparo es una magnífica talla de finales del S. XVI o principios del XVII de la que, como de tantas otras, desconocemos su autoría. Sin embargo, en este caso se han vertido varias hipótesis, apuntando algunos entendidos que es, indudablemente, de uno de los maestros imagineros de su tiempo; pero nada concreto existe al respecto, debido a la pérdida de casi la totalidad de los archivos de la Hermandad en las sucesivas vicisitudes históricas por las que ha atravesado.
Fotografía: Joaquín Rodríguez León
Como ya hemos comentado, la imagen del Cristo del Amparo sufrió daños en la Guerra de la Independencia, que fue especialmente virulenta en la ciudad de Badajoz, y, posteriormente, en los asaltos y destrucción del patrimonio religioso durante la Guerra Civil, muy probablemente en sus comienzos en el año 1936. En esta última parece que sufrió alguna pequeña mutilación, posiblemente en alguna pierna, pues la cara, las manos el torso y los pies se salvaron de las agresiones. En 1939 y 1940 desfilaría gracias a alguna reparación de urgencia pues, en 1941, el escultor y profesor D. Ramón Cardenal Velázquez, que a su vez era Primer Teniente de Hermano Mayor y devotísimo de la imagen, lo restauró respetuosamente, devolviéndole su primitiva belleza. En 1956, el artista y asesor artístico de la Hermandad, Santiago Arolo Viñas, vuelve a restaurarlo y retoca la imagen, variándole la posición de la cabeza hacia fuera en lugar de ir pasarela a la cruz como la tenía antes, además de hacer otras variaciones como cambiar la posición de las manos. Parece ser que durante algún tiempo desfilaba abrazando la cruz, lo que daba la impresión de que la llevaba al revés. 
La cara de la santa imagen sigue conservando una extremada dulzura y sus delicadas facciones le confieren una gran belleza, destacando la pureza de líneas, que refuerzan la naturalidad y el realismo de la expresión. La cara, ligeramente inclinada hacia la derecha, proyecta sus grandes ojos hacia el suelo en un elegante gesto de resignación y aflicción. El cabello y la barba partida en dos presentan un trabajo de talla de impecable factura. Lleva una corona de espinas tallada sobre la misma cabeza y luce espléndidas potencias de plata dorada y repujada.
La imagen ser representa caminando, con el peso echado sobre la pierna izquierda, que está más adelantada; el pie derecho está despegando del suelo y el cuerpo ligeramente vencido por el peso de la cruz. Ésta se realizó en madera y fue estrenada en 1947; sus tramos cilíndricos están rematados con unas magníficas cantoneras de plata dorada y repujada. El santo madero está un poco levantado pues el Nazareno va ayudado por una meritoria imagen de Simón Cirineo, obra de Santiago Arolo estrenada en 1977, que vino a ocupar el sitio dejado por la anterior del S. XVII o XVIII, desaparecida en alguna de las dos contiendas antes aludidas, al igual que los dos sayones que completaban el paso y que eran de la misma época.
En la Semana Santa de 1995 salió el Cirineo vestido de hebreo con ropas sencillas, para ir en consonancia con la sobria túnica morada que llevaba el Nazareno del Amparo y con el vestido que lucía la gran novedad de este año: la tercera figura que acompañaba el paso y que es, nada menos, que la virgen del Rosario, magnífica imagen de gran devoción que poseía Cofradía propia, denominada de “Nuestra Señora del Rosario”, fundada en Santo Domingo el 28 de mayo de 1577 con título de Pontificia y de la que hemos hablado en el capítulo de Cofradías desaparecidas. La imagen es una estupenda talla de expresión serena y maternal, que ha recibido culto hasta la fecha no muy lejana como Virgen de Gloria. Tiene pelo natural y desfiló en la noche del Miércoles Santo, consolando al Señor del Amparo en su pesado caminar hacia el calvario, tocada con una sencilla blonda inmaculada que le caía por el pecho y espalda y luciendo un antiguo vestido de terciopelo negro y dorado y manto de terciopelo azul. Con esta imagen se pretende representar el encuentro de Jesús con su madre en la calle de la Amargura. Ella alarga su mano derecha ofreciendo un pañuelo que sirva como paño para el rostro sudoroso y ensangrentado de su Hijo, completando así un precioso y entrañable misterio en este magnífico paso.
En la Semana Santa de 1996 lucía esta imagen una diadema de plata repujada y un precioso manto negro bordado en oro.
El Cristo posee varias túnicas que luce de forma periódica, siendo algunas de gran valor. La más antigua, aunque pasada a nueva tela, data de 1947 y está ricamente bordada en oro sobre terciopelo morado, presentando motivos florales mezclados con símbolos de la pasión. Es muy destacable la blanca de terciopelo bordada en oro, que fue estrenada en 1954. Posee, así mismo, otra de camarín muy sencilla de terciopelo morado con galones de oro.
El Señor del Amparo lleva cíngulo de oro y cordón del mismo material rodeando su cuello, destacando en él un valioso broche que monta una piedra preciosa engarzada en oro

Santísimo Cristo de la Fe:
El segundo paso nos presenta a un estupendo crucificado muerto y con la huella sangrante de la lanzada. Es una talla considerada del S. XIX y de gran calidad, aunque no se sabe quién la realizó. Fue donada a la iglesia por D. Luis González Barrientos y Dña. Antonia Cardos Herrera y desfila desde la refundación de la Cofradía, aunque su nombre se añadió con posterioridad al título de la Hermandad.
Fotografia: Joaquín Rodríguez León
El rostro, de gran fuerza y realismo, está completamente vencido por el sufrimiento. Las gotas de sangre, la boca entreabierta y los párpados oscurecidos añaden patetismo a la expresión abandonada de esta meritoria imagen. El pelo y la barba siguen fielmente la posición de la cabeza rendida hacia la derecha, abriéndose por este lado y enmarcando su cara.
El cuerpo, de tamaño algo menor del natural, está bien proporcionado, llamando la atención sus amoratadas rodillas que contrastan con la viveza de los pliegues del bello paño de pureza policromado que lo cubre.
Lleva sobre su cabeza unas originales potencias doradas y corona de espinas del mismo material.
El Santísimo Cristo de la Fe va en un destacado paso de madera tallada en su color de estilo clasicista, enriquecido por algunos detalles barrocos, aunando la severidad con la elegancia artística en un original diseño. Este paso sustituyó al anterior que, realizado en madera tallada y metal dorado de estilo barroco, se caracterizaba  por su rica ornamentación y por su peculiar forma poligonal,siendo de gran calidad y popularmente conocido por su aspecto como el “Galápago”.
El nuevo paso es obra de los artistas locales Santiago Arolo, que realizó el diseño, y de Ramón García Mora que lo talló. La imagen del Cristo descansa sobre el cuerpo superior de la canastilla, llevando en el frontal, en metal dorado, el escudo de la Cofradía.
Los preciosos respiraderos llevan catorce medallones dorados y repujados (reaprovechados del antiguo paso), enmarcados por columnillas salomónicas y cornisas clásicas, donde van representadas las estaciones del Vía-Crucis, destacando las que hacen de esquineras en el paso. Entre ellas casetones tallados con delicada decoración barroca y rematados cada uno de ellos por pequeños medallones con simbología de la pasión.
El paso está totalmente entonado en rojo: caoba el tono de la madera; rojos los velones que se apoyan en los cuatro magníficos blandones tallados que lleva en sus esquinas, obra de Ramón García; rojas las luces que guardan los dos preciosos faroles del mismo autor, rematados con coronas doradas que van situados a los lados del Cristo; rojos de terciopelo los faldones; y en el exorno del paso, más de 60 docenas de claveles del mismo color, acompañados por un centro de lirios morados que va a los pies de la sagrada imagen.
Capataz: D. José Fernando Fernández Perianes.
Costaleros: el Paso, hasta ahora, iba a ruedas, con ocho empujadores. En la Semana Santa de 1997 vuelve a salir a costaleros, dándose la circunstancia de ser portado por mujeres, que con una cuadrilla de cuarenta costaleras, marcan un hito en la Semana Mayor Pacense. 

Ntra Sra de la Piedad:
Fotografía:Joaquín Rodríguez León
La aparición de este paso en la Semana Santa pacense ha causado verdadera sensación, y no tanto por el misterio que representa, como por la calidad y el inestimable valor de la talla, lo que unido a la solemnidad y originalidad del paso han hecho de sus tres salidas un verdadero éxito. Tanto es así que ya cuenta con más de ciento cincuenta hermanos, además de su propia cuadrilla de costaleros, que demuestran su fe y su saber hacer desde el primer año. La recuperación de esta importante imagen para la Semana Santa de Badajoz tiene nombre propio: el asesor artístico de la Hermandad, D. Juan Manuel Expósito, que a sus conocimientos y entusiasmo por nuestra Semana Mayor suma unas grandes dosis de sentido artístico. Él rescató esta imagen inédita que se encontraba olvidada en las dependencias de la iglesia, restaurándola, diseñando el paso, construyendo la estructura de las andas junto con algunos colaboradores, buscando el acompañamiento de las mujeres de mantilla, organizando sorteos y buscando subvenciones para hacerla la magnífica corona que estrenó en 1996, e incluso, bordándole un manto con sus propias manos que estrenó en ese mismo año. En definitiva, huelga decir el mérito que ha tenido su labor dentro y fuera de la Cofradía pues, a la vista está el espléndido resultado del cariño y del trabajo bien hecho.
La maravillosa composición, de la que no conocemos el autor, está datada como del S. XVI-XVII y procede, posiblemente, de la antigua iglesia de Santa María del Castillo.
Las imágenes son de talla completa, incluidas las ropas. La efigie de la Virgen de la Caridad es sobresaliente, destacando la exquisitez de su cara donde se mezcla la candidez con el dolor desconsolado de su maternal expresión. Sus delicadas facciones, junto con los angustiados ojos tallados, dan una sensación de desconsuelo y el rostrillo que rodea su cara le confiere un peculiar sabor antiguo que refuerza su excepcional belleza.
La imagen del Santísimo Cristo del Amor, de impresionante presencia, aparece muerto en el regazo de su madre, presentando en su cara unos rasgos sencillos pero de gran pureza, que contrastan con el soberbio y detallado trabajo anatómico de su cuerpo que en escorzo muestra toda su perfección. La Virgen lleva tallado un delicado manto negro que se funde con el claro sudario del Cristo; ambos policromados y con finísimos dibujos estofados en oro.
La Dolorosa cubre su cabeza con una toca negra bordada en oro y salió en 1995 llevando un antiguo manto de terciopelo negro bordado en oro que pertenece a la Virgen del Mayor Dolor. En 1996 estrenó otro negro bordado por D. Juan Manuel Expósito en oro, sedas de colores y azabache; presentando un atractivo diseño floral del mismo autor y rematado por el escudo real en relieve. Actualmente, y como muestra del gran cariño que en poco tiempo se le ha tomado, unas hermanas de la Cofradía le están bordando otro en oro sobre terciopelo negro y que, junto con los nuevos faldones del mismo material y de color cardenal estrenados en 1996, regalarán a la imagen. En este mismo año se estrenaron los respiraderos de malla de oro.

La Virgen de la Caridad luce en su pecho un corazón de plata dorada rematado por la llama y traspasado por siete puñales simbolizando los dolores de la Virgen. Sobre su cabeza ha llevado una fina diadema de plata trabajada, estrenando en 1996 la nueva, que ha sido sufragada gracias a las aportaciones de un grupo de personas y a los desvelos de Juan Manuel Expósito. Ha sido diseñada por el orfebre sevillano José Manuel Ramos de Rivas, quien ha realizado la obra en metal dorado y ricamente repujado, resultando una obra sencilla pero de destacada calidad artística. 

María Santísima del Mayor Dolor:
Fotografía: Sixto Galán Jaraquemada
La Virgen del Mayor Dolor es una de las dolorosas de más mérito artístico de cuantas desfilan en la Semana Santa de Badajoz. Como ya hemos comentado en el capítulo de curiosidades, la imagen vino a sustituir a la anterior del S. XVII, destruida en 1936 y que, al parecer, era de gran valor. Tuvo que ser traída a escondidas y envuelta en una manta desde Sevilla; según algunos, por la dificultad de aquellos momentos y, según otros, porque en la capital hispalense se conocía la imagen, e incluso, estuvo expuesta, negándose los sevillanos a que saliese de su ciudad una imagen de tanta calidad.
La talla, obra del maestro Antonio Castillo Lastrucci, destaca, además de por su extraordinaria belleza, por la marcada personalidad de sus rasgos, confiriéndole una gran fuerza expresiva, que se ve reforzada por la perfección técnica de sus formas, siendo el trabajo de boca, nariz y ojos verdaderamente admirable. La expresión dolorosa está muy bien conseguida y las lágrimas doradas iluminan su desconsolado rostro. Se dice que tiene dos perfiles diferentes; en uno aparece doliente y desconsolada, mientras que en el opuesto muestra un rictus mucho más suave.
Las manos son magníficas, mostrando una gran expresividad y realismo; suele llevar unos rosarios en la izquierda y un fino pañuelo en la diestra.
Esta efigie, que comenzó sus desfiles en 1939, tiene un innegable parecido con las Dolorosas sevillanas “de la O” y “de la Hiniesta”, obras del mismo imaginero, que están muy consideradas en aquella Semana Santa, siendo la Del Mayor Dolor una imagen única, de deslumbrante belleza y personalidad.
La Virgen va vestida con exquisito gusto por el asesor artístico de la Hermandad, luciendo blonda de encaje y estupenda toca bordada en oro, regalo de una devota en 1953.
Posee varios vestidos: uno se realizó con los bordados en oro del traje que el torero José María Martorell donó a la Cofradía; permaneciendo todavía intacto el que en 1949 le regaló Manuel Benítez “El Cordobés”; recibiendo otros regalos, como el magnífico faldón bordado que le regaló Doña Pilar Calleja. El traje que luce en la procesión es de terciopelo negro bordado en seda blanca y pedrería, obra de las monjas de Villafranca de los Barros, estrenado en 1947; ellas mismas realizaron el soberbio manto del mismo material y bordado, resultando un trabajo de gran belleza, estrenado en 1948, pues, aunque estaba preparado para un año antes, no se le puso por el mal tiempo. Presenta un delicado bordado floral en cuyo centro lleva el escudo de la Hermandad. Además de éste, posee otros dos mantos de procesión: uno de terciopelo negro bordado en oro, muy antiguo y de gran valor y otro de terciopelo azul sin bordar. Suele llevar un fajín de seda blanca bordado en sus extremos o un artístico cinturón bordado en oro con el traje de torero antes aludido. 

Dulce Nombre del Señor:
Me decido por poner en último lugar a este titular debido a que es el único que no procesiona,
se trata de una imágen de madera tallada y policromada que representa al niño Jesús con la cruz.
Fotografía: Joaquín Rodríguez León
Actualmente la nueva Junta ha decidido celebrar una misa en su honor el próximo día 3 de Enero en la cual se harán varios actos.
Las imágenes del Dulce nombre de Jesús, de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Amparo y de la Virgen del Mayor Dolor son propiedad de la Cofradía, y reciben culto en su altar de madera tallada y dorada situado en una capilla lateral del lado de la epístola.
Existen comparaciones de esta imagen con la del Niño Jesús de Praga pero es debido a que gran número de imágenes del Niño Jesús tienen características similares pero nuestro titular no sostiene un globo terráqueo sino una cruz y además no posee corona, sino potencias.



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